
Elsa Medra y Carlos Gomis comienzan a colaborar juntos en el año 2008, tras la participación en diversos proyectos dentro del colectivo artístico Grupo Lapso. A raíz de este encuentro se dan una serie de proyectos donde ambos artistas reflejan una afinidad de intereses e inquietudes.
Volver a un tema recurrente, como es el caso de la ciudad no supone la reiteración ni de su significado ni de su contenido, sino que nos obliga a ir en busca de una mirada más honesta y veraz sobre la misma.
“Es lo que tenemos en común lo que más me interesa. Las constantes. Las viejas historias. Los gastados chistes. Las mismas canciones. Las experiencias que todos tenemos y compartimos no son nuevas, pero son únicas para cada uno de nosotros. El arte del pasado nos muestra eso.”
John Davies
La concepción de nuestra obra apela a la atemporalidad de los valores universales. Éstos, con los cuales nos identificamos plenamente, poseen la cualidad de permitirnos establecer un diálogo con el espectador y a la vez saciar la propia avidez creativa.
Pese a un estilo figurativo que raya en la abstracción, el carácter híbrido de las imágenes nos evoca memorias colectivas, al tiempo que dota a las mismas de una carga emocional intensa.
La utilización de fuentes de diversas disciplinas como referentes, nos proporciona aquellos elementos de la literatura, el cine u otros medios que estimemos provechosos. En este proceso no faltan los guiños, las citas o los homenajes, que puedan aludir a cierta narratividad, idea o característica propia de la obra en la que hayamos decidido apoyarnos.
A la hora de abordar un proyecto lo hacemos de manera selectiva, procesual y abierta, de forma que lo proyectado no anule la frescura de lo fortuito y lo espontáneo, confiriéndole a cada trabajo el carácter de un reto.
Dicho proceso intelectual requiere un constante seguimiento para que la obra “cobre vida” y se anule así toda cualidad predecible y repetitiva.
A TRAVÉS DE LA EXPERIENCIA URBANA
Con el transcurso del tiempo y de los procesos industriales, la ciudad le ha ido ganando terreno a los espacios rurales. El mercado y las corporaciones se han centralizado paulatinamente en los principales focos urbanos, dando lugar a la masificación de los mismos.
De este modo, la situación actual se plantea desde un presente en el cual la economía global y la tecnología digital son dos de los principales factores desencadenantes de la sociedad de la opulencia.
A la vista de un mundo en creciente digitalización que se diluye más y más en signos confusos y se desarticula en simulacros, las artes plásticas tradicionales nos proporcionan un espacio-tiempo fuera del aluvión mediático, un lugar donde refugiarse, tomar distancia y reflexionar. Un lugar donde dar cabida a la expresión de nuestra condición humana.
”El único viaje de descubrimiento auténtico no consiste en ir a nuevos lugares, sino en tener otros ojos,”
Marcel Proust
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